RAIGAMBRE

Revista Cultural Hispánica

martes, 20 de enero de 2015

POLÍTICA PARA LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA





Por Antonio Moreno Ruiz

Historiador y escritor


Que la política española está llena de sinsentidos especialmente desde el régimen de 1978 no es ningún secreto, y eso afecta a muchos ámbitos, más allá de lo que podamos considerar como mera política. A día de hoy, vemos como se exige visados a hispanoamericanos que son nietos de españoles y sin embargo, vemos cómo africanos o asiáticos, sin ningún vínculo con nuestra patria, obtienen fácilmente el documento nacional de identidad. Hay mucha gente con vínculos etnoculturales con España que no tienen la nacionalidad y sin embargo alguien nacido en España ya automáticamente la tiene. Encima, en la época de Alfonso “XIII” (el primer productor pornográfico de España), concretamente en la dictadura del general Primo de Rivera, se creó un decreto para que judíos sefarditas, que ningún vínculo tenían con nuestra patria desde hacía siglos, y que más bien en esta comunidad se habían dado fuertes muestras históricas de aversión a las Españas (1), fueran adquiriendo la nacionalidad. Aquello se implementó en el franquismo y se ha extendido a lo bestia con el (des)gobierno rajoyesco, gracias a la mano y la obra del ex ministro Ruiz Gallardón. Y ahora amenazan los dizque moriscos, que forman parte de la élite del actual Magreb… Sin embargo, ningún país norteafricano está pensando en regalar nacionalidades a los cristianos bereberes que fueron expulsados por los árabes, ni tampoco a descendientes de vándalos, alanos y griegos. Los sionistas tampoco parecen muy favorables a darle la nacionalidad a los palestinos que expulsaron de su tierra, cuando llevaban allí muchos más años que ellos, que no dejan en muchos casos de ser unos recién llegados. ¿Por qué, entonces, España aplica error tras error, brillando el sentido común por su ausencia?

Desde aquí, damos unas pautas que creemos tan necesarias como objetivas para la nacionalidad española:

-IUS SANGUINIS:

Debe primar, sin duda, el derecho de sangre sobre el “ius solis o “derecho de suelo”, que en muchos casos puede ser engañoso. Creemos que en este sentido Italia ha mantenido una política sensata y hasta la generación de los bisabuelos es posible obtener la ciudadanía italiana siempre y cuando se demuestre el vínculo directo de sangre. Tal vez por eso en algunos pagos de Sudamérica se ha creado un “italianismo” (2) totalmente artificial y desproporcionado; pero es que si España hiciera lo mismo, a lo mejor se rescataría el hispanismo que buena parte de la sociedad hispanoamericana exaltó a principios del siglo XX, cuando el nicaragüense Rubén Darío escribía la Salutación del Optimista, el mexicano Amado Nervo cantaba a la raza de águilas y leones y el peruano José Santos Chocano hacía lo propio con los caballos de los conquistadores.

Lo dicho: Debe primar el derecho de sangre, y debemos desechar los vanos politiqueos que el régimen del 78 ha introducido, por el cual, un método de obtener la nacionalidad española es demostrar que uno tiene un antepasado que combatió en el bando rojo en la Guerra Civil. El mayor exilio político contemporáneo español no ha sido el rojo/republicano, sino el carlista. Miles de descendientes de carlistas están desde el siglo XIX presentes en Argentina y Uruguay y seguramente muchos de ellos ya no contarán con el derecho a la nacionalidad, y esto es totalmente injusto. La sangre, concepto objetivo, ha de primar sobre los vanos politiqueos dirigidos por mentalidades orwellianas que nos han llevado a la ruina. Más sangre española y menos partidismo.


-RELACIÓN DE MÉRITOS:

En el siglo XX vimos cómo el ejército español se reorganizaba en el norte de África, luchando con uñas y dientes en un territorio que siempre fue hispánico, manteniendo, muchas veces, a pesar de los espurios intereses politiqueros, enhiesta la bandera española allá donde bien correspondía. Fue la época fundacional de los Regulares y la Legión, que tantas glorias han inscrito en nuestras militares banderas. Pues bien, lógicamente, y también inspirados en el modelo de la Legión Extranjera francesa, este tipo de méritos sí que dan derecho a la nacionalidad, porque el que se bate con riesgo de su propia vida, ¿acaso no tiene derecho a que se le reconozca la bandera que defiende con su sangre? No es nada reciente: Ya pasaba en los gloriosos Tercios que campeaban por Flandes.

Otrosí, si bien la milicia es todo un filtro de mérito, también lo son otros, como es el plano de la intelectualidad. Gente que con su talento, dedicación, esfuerzo y trabajo sirve de una manera sincera a nuesta patria, debiera tener un salvoconducto para compartir de una manera integral nuestra nacionalidad.

Debe elaborarse toda una relación de méritos por la cual sea posible, con el contraste de la información, hacer que el servicio a España pueda tornarse en algo tangible.


-ATENCIONES ESPECIALES:

O bien por derecho de sangre o bien por relación de méritos, hay casos que merecen atenciones especiales. Uno de ellos puede conjugar dos factores, como es el caso de Puerto Rico, una perla caribeña que, como otras tierras vinculadas antaño a las Españas, nunca quiso separarse. En esta isla que tantos vínculos aún tiene con España, y en especial a través de Canarias y Andalucía, está surgiendo un movimiento españolista muy interesante; un ideal que, por encima de determinados politiqueos, quiere recuperar al pueblo boricua para España, con todo lo que ello implica. Y es que no en vano sería la lógica continuidad histórico-política de un pueblo que siempre quiso ser español. Merecen el apoyo y la adhesión de todos los españoles de bien, y nuestra diplomacia debería estar muy atenta a esto.

Y es que tanto hablar de la “autodeterminación” y el “derecho a decidir”, que los anglosajones promovieron tras la Primera Guerra Mundial para fastidiar a los imperios centrales y que de hecho el comunismo aprovechó para trastocar Rusia, pero no vemos que hagan lo propio con los pueblos a los que se empeñan en colonizar.

Asimismo, entre la sangre y el mérito, también merece una atención especial la vinculación histórica. Gentes de Portugal, Nápoles (y Sicilia), el Franco Condado, y por supuesto, el Rosellón y la Cerdaña, deberían tener un acceso preferente a la nacionalidad española.


-DEROGACIONES Y TRAICIONES:

Ningún vínculo nos une con musulmanes o sionistas. Nosotros somos españoles, no andalusíes o sefardíes, que son otras realidades; que en todo caso, fueron realidades “en España”, pero no de España. Otrosí, no consentimos que se cambie el nombre de nuestra sagrada patria, que se mantuvo desde prerromanos tiempos y estuvo a punto de romperse con la invasión islámica acaudillada por árabes y comandada por bereberes. No renegamos de nuestro pasado, pero por eso mismo: Porque somos españoles y reconocemos a los que lucharon por recuperar la España perdida frente a quienes, aprovechándose de su legado, no quisieron ni respetar su nomenclatura.

Por sentido común y verdad histórica, hay que exigir la derogación de todas las injustas leyes que han ido desde Alfonso “XIII” a Gallardón, siendo que el interés económico-politiquero y el embuste victimista no son requisitos válidos para nada, ni mucho menos deben ser privilegios, como de hecho lo son para los descendientes de sefarditas.

Otrosí, hay delitos de alta traición que deben ser considerados para perder la nacionalidad española por más sangre ibérica que se tenga en las venas. En nuestro tiempo, muchos empresarios inescrupulosos no sólo hacen negocios en la colonia narco-pirata de Gibraltar, sino que la enriquecen, teniendo sociedades fantasmas y utilizando su paraíso fiscal. Todos aquellos que incurran en esta tamaña felonía no merecen formar parte de nuestra milenaria patria. Las altas traiciones se tienen que pagar. No puede ser que las oligarquías se aprovechen de nuestro nombre para que encima la ley les proteja y permita que no tributen ni invierta ni un céntimo en el país, y que encima ellos dirijan muchas veces la política y hasta aumenten sangrantes traiciones que provocan que muchas veces seamos el hazmerreír no es de recibo y toda contundencia es poca. Hay que tener dignidad para llevar la nacionalidad española, y no hay peor enemigo de España que sus internos traidores, que antes sucumbiremos por ellos que por extraños, como previó el ínclito Gaspar de Jovellanos (3) hace dos siglos.

Así, pues, que las empresas que vayan a robar a otros países, con técnicas fraudulentas, que no invoquen el sagrado nombre español cuando el gobierno de determinado país le apriete las tuercas; porque este tipo de empresas no tiene más patria que el dinero, y sólo se sirven de nuestro país para chuparle la sangre. Y con esto no decimos que todas las empresas sean así, porque sería muy desgraciado de nuestra parte comparar a los oligarcas con los sufridos autónomos que día tras día hacen patria con su sudor.




En todo caso, somos conscientes de que la nación-estado es la crónica de una muerte anunciada, producto de las revoluciones del XVIII y sus epílogos del XIX y del XX y que un documento nacional de identidad no es un fin absoluto. La sangre, la cultura y la tradición no van a cambiar por más que haya papeles de por medio. Empero, ya que tenemos que tener una administración, por lo menos vamos a hacerla elevada, con un digno y trascendente interés nacional.








(1) Hubo casos de piratería judía en el Caribe, muchas veces azuzada por ingleses y holandeses. No en vano, tanto Miranda como Bolívar recibieron dinero de sefarditas de Curazao para separar las Españas. Véase al respecto:








(2)Véase:






(3) Algunas impresiones sobre Jovellanos:


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