RAIGAMBRE

Revista Cultural Hispánica

martes, 29 de agosto de 2017

EL PRIMER FEMINISTA: FRANCISCO DE QUEVEDO



"LOS SUEÑOS" Y EL CAMINO DE LA MANO IZQUIERDA ( I )

Manuel Fernández Espinosa

"Los sueños" de Quevedo están compuestos por cinco "Discursos" cuyos títulos originales (más tarde cuatro de ellos serían modificados por la censura) eran: "Sueño del Juicio Final", "El alguacil endemoniado", "Sueño del Infierno", "El mundo por de dentro" y "Sueño de la muerte". El propósito de estos discursos que combinan el diálogo, la sátira, el apotegma -a simple vista- en un "tótum revolútum", es el poner al desnudo los abusos, vicios y engaños mundanos, "en todos los oficios y estados del mundo". La finalidad es moral. Y el instrumento, la alegoría tanto como la chanza y el juego lingüístico conceptista. 

Las influencias que se pueden detectar en esta obra de Quevedo son las propias de alguien que leía tanto -y en tantas lenguas- como nuestro Quevedo. Así que tanto obras clásicas antiguas (la Sagrada Biblia y grecorromanas: la sátira de Luciano de Samósata, Cicerón, Virgilio, el estoicismo de Epicteto y la Tabla de Cebes..) como medievales y renacentistas (la "Divina Comedia" de Dante y los "Mundos" e "Infiernos" del menos conocido Anton Francesco Doni, así como el género de la emblemática teológica y moral), pero también encuentra Quevedo inspiración en los tratados demonológicos del teólogo y hermetista bizantino Miguel Psellos o la pintura enigmática de Jerónimo Bosco. ¿Y qué es el camino de la Mano Izquierda y por qué asociarlo con Quevedo? 

La expresión "camino de la mano izquierda" está presente en "Los Sueños" y halla su fuente original en el Evangelio de Mateo 7, 13-14, donde se habla de la vía estrecha de la virtud y la vía ancha del vicio. Quevedo la emplea sin ambages: "...le enseñaron el camino de la mano izquierda" ("Sueño del Juicio Final"), pero donde adquiere mayor relevancia es en "Las zahúrdas de Plutón", donde Quevedo nos presenta los dos caminos: el de la mano derecha (angosto y sufrido que es el de la virtud) y el de la mano izquierda (ancho y cómodo: el del vicio): ¿cuál toma Quevedo? El de la "mano izquierda", por donde discurren los pecadores y los viciosos todos, eso le abastecerá de "tipos" masculinos y femeninos a los que mostrar, para su propósito que es el de enseñar la virtud contraponiéndola con la hipocresía, la codicia, la lujuria y los demás pecados capitales. Quevedo también dice que los que iban por un camino se pasaban al otro "por sendas secretas". La poesía de temática filosófica y religiosa de Quevedo muestra cuáles son esas "sendas secretas" que comunican los dos caminos: el verdadero dolor de los pecados. Y lo importante -no lo olvidemos nunca- es (por supuesto que para Quevedo, católico a machamartillo) la clara noción del horror del pecado y la conversión a tiempo.

Pero un núcleo de la obra es la exaltación de lo femenino. Que se hace manifiesto de muchas formas a lo largo de la obra de Quevedo, no sólo en "Los sueños". Desde la poesía amorosa vertida en los moldes petrarquistas... hasta en los discursos que nos ocupan de "Los sueños", la Mujer tiene un lugar de honor (que no ahorra que sean censuradas las malas mujeres); en "Los sueños" podemos leer: "-Quien no ama con todos sus cinco sentidos una mujer hermosa, no estima a la naturaleza su mayor cuidado y su mayor obra. ¡Dichoso es el que halla tal ocasión y sabio el que la goza! ¿Qué sentido no descansa en la belleza de una mujer que nació para amada del hombre?". Está contenido en declaraciones como ésta tan explícita el tuétano de lo que podemos entender como una de las tendencias más propias de Quevedo: la fascinación que sintió siempre por las mujeres y para nada "platónico" si no es en las formas, pues la sensualidad es imprescindible para él y cualquier hombre que aprecie su virilidad. Eso que pudiera sonarnos a sensualismo, escandaloso y "revolucionario" en la España que nos pintan de la época de Quevedo (la Inquisición y blabla), no escandalizaba a nadie. Esta tendencia quevediana alcanza su mayor clímax en lo que considero personalmente el primer manifiesto feminista de Occidente, escrito por alguien que pasa por misógino. El "manifiesto" como tal es muy largo, por lo que no lo reproduciré completamente. Se encuentra en "El mundo por de dentro" (XL), allí Quevedo "cede" la palabra a una hermosa mujer que dice a los hombres, entre otras cosas:
"Tiranos, ¿por cuál razón (siendo las mujeres de las dos partes del género humano la una, que constituye mitad), habéis hecho vosotros solos las leyes contra ellas, sin su consentimiento, a vuestro albedrío? Vosotros nos priváis de los estudios por envidia de que os excederemos; de las armas, por temor de que seréis vencimiento de nuestro enojo los que lo sois de nuestra risa (...) Queréisnos buenas para ser [vosotros] malos, honestas para ser [vosotros] distraídos (...) Más son las que hacéis malas que las que lo son (...) Hoy es día en que se ha de enmedar esto, o con darnos parte en los estudios y puestos de gobierno, o con oírnos y desagraviarnos de las leyes establecidas, instituyendo algunas en nuestro favor y derogando otras que nos son perjudiciales".

Dudo mucho que se haya escrito algo así con antelación a Quevedo, pues para escribirlo habría que ser Quevedo. Y no lo olvidemos: España, Siglo XVII... Quedaba mucho para que surgiera el "feminismo" moderno, muchísimo. Quevedo se anticipa aquí como es su costumbre y rompe una lanza por la mujer; él, el mismo que tantos juzgan como machista y misógino por no haber pasado de leer su poesía burlesca.

domingo, 4 de junio de 2017

INTEGRACIÓN

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Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor


Cuando alguien osa decir que la política migratoria de Europa occidental es un desastre desde hace mucho tiempo y más ahora con lo de los "refugiados" (la mayoría no son refugiados sirios… Que ya está bien de camelo…), muchos se rasgan las vestiduras y empiezan a recalcar lo mal que está España... Ya, vale, pero el hecho de que España esté mal no quiere decir que esta política migratoria de "todo gratis" vaya a solucionar nada; al contrario. De hecho, los más beneficiados por lo de los "refugiados" son los traficantes de personas; y los más perjudicados, la gente más humilde que tiene que sufrir de buenas a primeras el caos en sus barrios o en sus pueblos. Pero es que al personal ya no le valen ni los hechos: A algunos, les van a estar violando a las hermanas y van a invocar a la constitución, al manifiesto comunista, o una pseudo-religiosidad moderna mezcla de meapilismo cursi y teología de la liberación... Una cosa muy rara.

De todas formas, digan ustedes en cualquier país del mundo que no pertenezca al ámbito euro-occidental que el Estado debe gastar millones en "integrar" a los extranjeros; a ver si la gente no se descojona o se indigna ipso facto... ¿Y es que en todos esos países la gente es muy mala y muy racista y nosotros somos los buenos e iluminados?

¡Venga ya!

Todos esos que tanto se rasgan las vestiduras por los "refugiados", antes deberían rasgárselas por los muchos compatriotas que no hemos tenido más remedio que emigrar. Quien no es solidario con su gente, ¿cómo  va a serlo con los extranjeros?

Basta ya de mentiras y de postureos. Veamos la realidad y cojamos el toro por los cuernos, que nuestras murallas ya han sido escaladas, y nada nos van a solucionar velitas perroflautas ni minutos de silencio masónicos. 

Y reitero: Que yo soy inmigrante. Que no estoy contra la inmigración ni contra los inmigrantes per se. Estoy contra la estupidez, la doble moral, la engañifa, la farfolla; estoy contra los que se escudan en unos "pobres" que ni conocen para metérnosla doblada.Y lo mismo puede decirse a los que hablan de "referéndum" y etc. El que España esté mal no quiere decir que dividirla en no sé cuántas republiquetas vaya a hacer que la cosa esté mejor. Y como ejemplo tenemos a Portugal e Hispanoamérica. Y de todas formas, le podrían preguntar a valencianos, baleares y aragoneses si quieren pertenecer a esa idílica Cataluña del derecho a decidir, ya que les arrebata sus territorios por la cara... O ya puestos, a castellanos y navarros a los que el imaginario "Euskadi" también se apaña porque le da su ikurriñera gana...

Pues eso... Pero qué cortos de entendimiento andamos...

Tenemos lo que nos merecemos. Y todavía no hemos tocado fondo, porque día tras día, de París a Londres y tiro porque me toca, vemos los beneficios de la multiculturalidad y la integración a través de esos grandes imperios que respetaron tanto los derechos humanos como franceses y anglosajones, pues con su gran bagaje nos han llenado Europa de personas maravillosas criadas a sus pechos; no como nosotros, que para algo tenemos la Leyenda Negra (entiéndase esto como sarcasmo, por favor). 

lunes, 1 de mayo de 2017

LEÓN FELIPE Y NUESTROS DÍAS

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Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor



León Felipe, ¡qué gran poeta de zamorana cuna y mexicana mortaja!

¿Cierta fama de loco? Puede ser. ¡Vivan los locos que somos pocos! De todas formas, ¿acaso no fue el bohemio que muchos no nos atrevemos a ser?

A León Felipe le tocaron tiempos difíciles. Al fin y al cabo, ¿qué tiempo no es difícil? Empero, ya en aquellos tiempos nuestro poeta desenmascaró muchos típicos/tópicos, y me intento explicar: Es muy curioso que en España, que no hemos parado de guerras desde que entró Napoleón, hablemos de "LA GUERRA" refiriéndonos a la de 1936; cuando ya los romanos decían que los celtíberos, cuando no tenían guerra en el exterior, se la buscaban entre ellos mismos. Nos empachamos de guerra (y creo que León Felipe se empachó de Revolución Mexicana, que fue criminal como todas las revoluciones), y ahora que nos vemos en la impotencia de un ¿estado del bienestar? desmoronado, muchos politiquillos han intentado azuzar el rencor para obtener réditos electorales. No es sólo cosa del PSOE, no olvidemos que el PP votó a favor para que le concediera la nacionalidad española a los mercenarios estalinistas de las Brigadas Internacionales. Y esta pseudomemoria histérica no es sobre otras muchas guerras tan crueles o más que la del 1936, sino sobre "LA GUERRA", porque así lo han decidido analfabetos que hacen de la Historia su partidismo.

León Felipe fue uno de tantos españoles incomprendidos que murió lejos del hogar. Y en la lejanía, aun a mi juicio con demasiado pesimismo, supo avistar con inteligente congruencia los demonios que nos obstaculizan. En "LA GUERRA" hubo mucha gente que se batió con honor y luchó por lo que creyó entrambos bandos; pero también hubo muchísimo cobarde que no quiso combatir y durante la II República fue el más tricolor del mundo y cuando los nacionales ganaron posiciones se apresuró a ser más franquista que Franco. Parece ser que en nuestra tierra sale muy rentable el ser un cobarde criminal de retaguardia. Hubo vencedores y vencidos en ambos bandos. No por nada se decía en el Requeté que se ganó la guerra pero se perdió la paz. Y los máximos vencedores fueron los chivatos sanguinarios y los chaqueteros sin escrúpulos; los que luego se revelarían como auténticos maestros de esta partitocracia del "café para todos" (para todos ellos, se entiende) que nos niega la auténtica representación a los españoles, y que también nos niega el trabajo y la dignidad más elemental.


León Felipe, fue, pues, un poeta clarividente en muchos sentidos. No obstante, yo intento quitarme de encima el pesimismo, y es que, incluso los que somos "negativos", ¿no es porque creemos que de hecho España puede ser mejor? Si no creyéramos esto, o si no nos importara el tema, pues no le daríamos importancia ninguna, así como no nos acaloraríamos, y no exclamaríamos ni declamaríamos

viernes, 28 de abril de 2017

POLÍTICA Y PROFANACIÓN DE TUMBAS


Vivant Denon en España, en la tumba del Cid y Jimena

MÁS QUE UNA PROFANACIÓN, UN RITO MÁGICO

Manuel Fernández Espinosa

Se sabe. Y, en ocasiones, hasta con lujo de detalles; pero, no obstante, lo que parece increíble es que hayan sido tan pocos (¿alguno?) los que han reparado en el sentido último que pueda tener la profanación de las tumbas de nuestros más sobresalientes personajes históricos: la tumba del Cid Campeador y de su esposa Jimena, la de los Reyes Católicos, la del Gran Capitán, la del Cardenal Cisneros, la del inquisidor Torquemada... Podríamos añadir muchos más, pero téngase en cuenta la categoría histórica de los mencionados. Ninguno de estos personajes, tan relevantes para la Historia de España, pudieron descansar en sus tumbas sin que algunos desaprensivos atentaran contra ellas. Muchas profanaciones de estas tumbas tuvieron lugar durante la ocupación napoleónica, otras se cometieron en los turbulentos años de revolución, como en 1936-1939.

"Profanar" es "tratar sin el debido respeto una cosa que se considera sagrada o digna de ser respetada"... Profanar, pues, sería hacer "profano" algo considerado sagrado. Etimológicamente "profano" significa poner "delante" (pro-) del "templo" (fanus). No toda exhumación de un cadáver es una profanación. El P. Antonio José Ruiz de Padrón (1757-1823), sacerdote liberal y en las Cortes de Cádiz el más acérrimo paladín por la supresión de la Inquisición española, "denunciaba" que la Inquisición española tenía autoridad y potestad para desenterrar a los muertos reputados por herejes y quemar sus restos. La práctica nos la pinta el cura liberal con los acentos más lúgubres, diciendo por ejemplo: "No debo omitir, Señor, que su autoridad se extiende también hasta las región de los muertos. ¡Cuántas veces no ha mandado excavar los sepulcros para exhumar las osamentas de los que ha creído que han muerto en la herejía, para arrojarlas a las llamas!". Pero, sin precipitarnos en el emotivismo demagógico de este sacerdote liberal, atendamos a la cuestión nuclear: lo que era "sagrado" en esos casos era el camposanto en que estaban depositados los restos del presunto hereje... La presencia de los restos mortales del hereje es la que "profana" el cementerio que está reservado en su suelo sagrado para los que han muerto en comunión con la Santa Madre Iglesia. No era, por tanto, profanación ese ritual inquisitorial, por mucho que se empeñara el cura ilustrado y constitucionalista, de infeliz memoria.

Pero, ¿a que se debe la profanación de una tumba? La profanación de una tumba puede deberse fundamentalmente a dos razones: 
  
  • 1º La latro-profanación que busca el saqueo de la tumba, despojando al difunto de los "tesoros" con los que fue sepultado. Pero, por lamentable que esto sea, no es lo que aquí nos interesa. 
  • 2º La profanación "mágica" que ofende el sepulcro, pero con fines de poder "mágico". Vamos a explicarnos: la violación del sepulcro busca obtener los restos mortales del personaje en cuestión, para ultrajarlos, esparciéndolos... o bien sustraerlos para llevárselos como "trofeo esotérico".
La profanación mágica, por la inmensa incultura esoterista que existe, es frecuentemente atribuída a grupos satanistas, pero esto no es exacto. Grupos esotéricos (masónicos y de muchos otros signos) operan en este sentido, sin que necesariamente la execrable profanación tenga siempre la finalidad de rendir culto a Satanás. La revista oficial del Benemérito Instituto de la Guardia Civil, en 1996, explicaba a sus agentes la diferencia entre las profanaciones vandálicas y las "profanaciones esotéricas".

La profanación de tumbas, cuando se trata de los restos mortales de una personalidad política, reviste un innegable sentido mágico. 

Así, cuando el 29 de junio de 1987 se descubrió que el sepulcro de Juan Domingo Perón, se halló que el cadáver del mandatario argentino había sufrido la amputación de sus dos manos: las manos, en el simbolismo anatómico, representan el poder (hacer), la fuerza, la autoridad y la protección. A primeros de mayo de 1990 la urna cineraria de Omar Torrijos (1929-1981) fue sustraída del santuario nacional. En Venezuela, en el año 2016, fueron profanadas las tumbas de Isaías Medina Angarita (1897-1953), presidente de Venezuela desde 1941 y 1946, y la de Rómulo Gallegos (1884-1969) que, además de escritor, fue presidente desde febrero a noviembre de 1948: la profanación de las sepulturas de estos dos gobernantes venezolanos se explicaron por razones dispares, sin que se haya resuelto lo que llevó a sus profanadores a violar sus tumbas: unos trataron de explicarlo suponiendo que sus profanadores querían vender los restos mortales robados, otros pensaron que se trataba de una profanación con fines ceremoniales de alguna de las ramas de magia afroamericana (¿santeros? ¿paleros? ¿babalaos?). En Hungría también podemos mencionar el caso de la profanación de la tumba del dictador comunista húngaro János Kádár (1912-1989), en el año 2007, llevándose su calavera que, anatómicamente en su simbología, corresponde a lo último que queda como recipiente de la vida y del pensamiento. Si siguiéramos buscando, podríamos encontrar muchos más casos. Aunque se aplica el término de "profanación" para la exhumación de los restos de Simón Bolívar, ordenada por Hugo Chávez en 2010, el desenterrar al líder hispanoamericano no fue como tal la "profanación" (pues ésta se hizo, mejor o peor, para comprobar una hipótesis conspirativa, como se ha hecho con nuestro General Prim), lo que sí podemos considerar "profanación" fue cuando lo volvieron a sepultar en una tumba masónica en forma de pirámide, toda vez que Bolívar había adjurado de la masonería y renegado de ella: era como reapropiárselo a título póstumo.

Los gobernantes más precavidos dictaron providencias para, una vez fallecidos, poner sus restos mortales lejos de sus potenciales profanadores en el futuro, o bien fueron sus más allegados los que, temiéndose que eso pudiera pasar, tomaron medidas para impedir la profanación futura. Así pasó con Francesc Macià cuyo funeral consistió en una extraña ceremonia masónica, en el curso de la cual se colocó su corazón en una urna.Tarradellas se llevó la urna con el corazón de Macià y, para evitar su profanación, enterró el cuerpo de Macià en una tumba secreta, siendo la tumba oficial un señuelo falso. El sepelio del dictador Fidel Castro estuvo rodeado del mayor secretismo, además de no pocas claves esotéricas que algunos apuntaron, señalando las relaciones del dictador con los cultos afroamericanos de la santería.

Independientemente de que se crea o no en los supuestos resultados mágicos de la operación, el hecho es que la profanación de las tumbas de gobernantes nacionales parece obedecer generalmente a dos propósitos:

1. Venganza post-mortem de sus enemigos interiores o exteriores.

2. Apropiación del cadáver o de alguna de sus partes (casi siempre valiosas, desde el punto de vista simbólico: manos, cráneo...), con el objeto de tener un dominio "mágico" sobre aquellos que fueron gobernados por el muerto. 

  • A) Esto podría hacerse por muchos motivos: si lo hacen admiradores del personaje cuya tumba se profana, tendríamos que verlo como un desviado y supersticioso culto a las reliquias; pero también debiéramos contemplar otra posibilidad...
  • B) Cuando la profanación y sustracción es hecha con fines de "trofeo", lo que podríamos, en último término, asimilarlo a una modalidad de poderío mágico sobre lo adquirido; y de alguna manera se relacionaría con algo parecido a lo que en estadios primitivos parece que se buscaba con el canibalismo ritualístico: la asimilación de la fuerza vital de la víctima que se ingería.
Constatar que las tumbas de nuestros principales personajes históricos han sido, en el correr de tres siglos, vilmente profanadas debiera traer consigo una reflexión más profunda sobre nuestras actuales calamidades nacionales, nuestro sometimiento por el cual se nos convierte en extranjeros en nuestra misma patria, se nos esquilma, se nos coloniza.

domingo, 2 de abril de 2017

FUENTES DE ANDALUCÍA


Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor 


El separatismo amoriscado que nada tiene que ver con Andalucía, continuando los pasos del hábil ensayista Américo Castro y su mito de las "Tres Culturas", da pasos al frente al alimón del trotskismo y de Mayo del 68, y ahora hablan de las "cinco fuentes de Andalucía" (y no es el pueblo que está cerca de Constantina); a saber:

-La fuente andalusí, pregonada por los discípulos del escritor Ignacio Olagüe, para el cual no hubo nunca una conquista musulmana, que no hay fuentes. Joder con las fuentes...

-La fuente judía. Y mira que sabemos que la petenera tiene más que ver con México que con los sefardíes, pero bueno...

-La fuente castellana. Curiosa queja del supuesto "malvado castellanismo centralista opresor", al obviar que, con castellanos, también vinieron asturianos, leoneses, gallegos, navarros, aragoneses... Y hasta portugueses, franceses, italianos, flamencos, etc.

-La fuente negroafricana. Para después quejarnos del imperialismo a ritmo de blues y jazz.

Sin embargo, siguiendo este esquema totalitario, y basándome, entre otros, en mi Galería de personajes inciertos que Dios Nuestro Señor quiera vea la luz en un futuro no muy lejano, añadiría:

-Las fuentes vascas, asturianas, flamencas, alemanas, francesas, genovesas y armenias de Cádiz.

-Las fuentes catalanas, guanches, francesas, portuguesas, alemanas, flamencas, genovesas, florentinas y placentinas de Sevilla.

-Las fuentes griegas, vikingas, catalanas y japonesas de Coria del Río.

-Las fuentes inglesas e irlandesas de Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera.

Y vayamos pueblo por pueblo:

-Las fuentes leonesas y bereberes de Marchena.

-Las fuentes castellanas, gallegas y portuguesas de Bollullos de la Mitación.

-Las fuentes catalanas de Camas.

Uf, sería tan largo como un día sin pan. O como una meada cuesta abajo, si se prefiere.

¡Ah! Hablando de centralismos y esas cosas, se pretende uniformizar a la fuerza esa "idea de Andalucía como nación milenaria" de Blas Infante y Pérez de Vargas excluyendo los particularismos de Jaén, Granada y etc. por ejemplo? Habría más fuentes:

-La fuente vasca de Jaén.

-Las fuentes gallegas y asturianas de las Alpujarras.

Pues eso. Que hay mucho trabajo por hacer y a lo mejor apañamos alguna que otra subvenci￳ón.
Y para rematar: Un arco iris gigantesco, para que nadie se sienta excluido.

Por cierto: ¿No se han dado cuenta de que nada se habla de Roma? Ni de los visigodos. ¿Para qué? ¡Tampoco hay vándalos o alanos! Será que esas fuentes se les habrán secado.

¡Ah! Y ninguna referencia, nunca, a los lazos con Canarias e Hispanoamérica, más allá de la fijación racial afrocentrista, calcada de la fijación racial gitanocentrista. Y hablando de centrismos, según los de las fuentes, ya no se puede hablar en el flamenco de "cantes de ida y vuelta" porque eso es "etnocentrismo".  Ellos nos imponen cómo hablar y hasta cómo pensar. Con el dinero y el apoyo del Estado.

Con todo, a la vejez lo que queda es reírse, dar por saco y poco más. Pues eso será. Pero ya en serio: Como hijo de la Andalucía profunda de muchas generaciones con derecho a decidir y a sentir, me siento mucho más cerca de los puertorriqueños que quieren volver a España (así como de todos los hispanistas americanos en general) que de estos supuestos paisanos, que para mí son tan extraños como lo puede ser un argelino, un nepalí o un neozelandés. Al final me van a hacer escribir un ensayo, con lo que me divierto yo con mis poemas y mis novelas...

jueves, 30 de marzo de 2017

EL LIBERALISMO Y LA ENSEÑANZA PÚBLICA


CONTRADICCIONES DEL LIBERALISMO

 Manuel Fernández Espinosa

Asistimos en nuestro tiempo a una campaña, instigada por colectivos muy interesados en ello, que pugna por suprimir la enseñanza concertada y amenaza a la privada en España. Se pretende reclutar a toda la comunidad educativa de la Enseñanza Pública (alumnos, profesores, padres y otros servicios) para combatir a la concertada, darle la batalla hasta suprimirla. Y es cierto, sí, que en la enseñanza concertada y privada, como en todo lo humano, hay muchísimas cosas que mejorar, pero la saña con la que algunas organizaciones atacan a estas modalidades educativas nos parece desproporcionada. 

Quieren algunos ver aquí un ataque dirigido por las centrales de la izquierda política, incluso de la extrema izquierda. Y no falta razón, pero acusar a la extrema izquierda de esto se convierte (como todo lo que hace la izquierda oficial y, sobre todo, la extrema izquierda) en la justificación de la derecha liberal, representada por el PP que, al final, recibe los beneficios de todas las pataletas que monta la izquierda progre y globalista. Al igual que la ideología del PP consiste en no tener ninguna ideología, la estrategia del PP consiste en no tener ninguna estrategia: se ha vuelto un chiste, pero que Rajoy apenas se mueva no es un chiste... Es una evidencia. La hostilidad que la extrema izquierda muestra contra la Iglesia Católica y todo lo relacionado con ella (desde la Misa de la 2 hasta los centros concertados religiosos) sirve en bandeja al PP los votos de todos aquellos católicos que se sienten ofendidos por la intemperancia de una izquierda progre que lo que menos le importa es la lucha obrera, pues tiene otras "causas" que defender. Y así, el PP, lo menos católico que pueda ponerse sobre la mesa, termina saliéndose con la suya, comicio tras comicio, concentrando el voto cautivo de los católicos del mal menor.

En el fondo, esta etapa del proceso, no puede comprenderse sin hacernos cargo de la profunda inconsistencia del liberalismo, del cual derivan en última instancia las posturas más extremistas de la izquierda global. Esa inconsistencia lo es debido a la propia naturaleza del fenómeno liberal, pues como bien supo expresarlo Oscar Stillich, el liberalismo no equivale -aunque muchas veces se presente así- a "mostrarse tolerante frente a todas las convicciones, sino por el contrario, mostrarse intolerante frente a todo juicio no basado en la razón" ("Die politischen Parteien in Deutschland, II: Der Liberalismus", Leipzig, 1963.)

No vale engañarse. Esta intolerancia del liberalismo le es intrínseca y se aplica siempre en función de la coyuntura, atendiendo a sus intereses, intereses que confunde con lo más sagrado para él, la Razón. Otro asunto en el que no voy a detenerme es que, hoy, esa razón moderna que el liberalismo invoca se haya convertido en un discurso insuficiente, como ponen de manifiesto ensayos tan lúcidos como "La insuficiencia del discurso racional" de mi amigo Laureano Luna.

Vamos a ver algunos momentos estelares de las contradicciones del liberalismo en política educativa. Para eso, nada mejor que remontarnos al siglo XIX. La filosofía que en ese tiempo y hasta la II República cumplió con la tarea de demoler las estructuras docentes del Antiguo Régimen en España fue el krausismo. Y a él hay que remitirse, para comprender mejor la estrategia que siempre ha aplicado el liberalismo (y sus derivados) que no es otra que la del "Donde dije digo, digo Diego": una modalidad del relativismo.

Menéndez Pelayo arremetió contra los krausistas con una inusitada animadversión no exenta de repugnancia personal: "Porque los krausistas -escribía- han sido más que una escuela, han sido una logia, una sociedad de socorros mutuos, una tribu, un círculo de alumbrados, algo, en suma, tenebroso y repugnante a toda alma independiente y aborrecedora de trampantojos. Se ayudaban y se protegían unos a otros; cuando mandaban, se repartían las cátedras como botín conquistado; todos hablaban igual, todos vestían igual, todos se parecían en su aspecto exterior; todos eran tétricos, cejijuntos, sombríos; todos respondían por fórmulas hasta en las insulseces de la vida práctica y diaria; siempre en su papel, siempre sabios, siempre absortos en la vista real de lo absoluto. Sólo así podían hacerse merecedores de que el hierofante les confiriese el tirso en la sagrada iniciación arcana". 

Las estampas que de los krausistas nos ofrece Menéndez Pelayo no pueden ser entendidas sin tener una idea de los años de formación de Menéndez Pelayo. El eminente polígrafo detectó en los discursos de sus profesores krausistas una insustancialidad con la que no podía acordarse y los problemas que tuvo con sus profesores, desde su pupitre de alumno, no pueden soslayarse tampoco. A esto, también -estará claro para quien tenga una mínima noción de filosofía- habría que añadirle la heterodoxia que desprendía la doctrina krausista, con su "panenteísmo" imposible de conciliar con el catolicismo. Pero, además de todo eso, una de las creencias que Menéndez Pelayo acuñó sobre la recepción del krausismo en España fue que el krausismo había llegado aquí como por azar y esa tesis se extendió, convirtiéndose prácticamente en una opinión generalizada en el mundo intelectual español (que, por reducido que esté, existe todavía a duras penas). Esta creencia supone que el krausismo llegó aquí, escogido al albur por Sanz del Río (que lo mismo hubiera podido traer el hegelianismo que cualquier otra filosofía alemana) y ha sido suscrita por Elías de Tejada, Eloy Terrón o Ricardo de la Cierva y, lo confieso, por mí mismo en el pasado. No obstante, es hora de comprender que las cosas no fueron tan fáciles como ir a Alemania y, a manera de bazar, traerse a España una filosofía de entre todas las que allí bullían en el siglo XIX.

José Luis Abellán, en "La cultura en España" (año 1971), con mayor perspectiva histórica, da razón de la propagación del krausismo en España, éste no habría llegado a España azarosamente, sino que la filosofía krausista "viene determinada por la necesidad de una dinámica social que exige dicha implantación (...) a través de la filosofía del derecho, por ser precisamente las cuestiones de la propiedad del poder político y de la organización social los que de un modo más vivo interesaban". Escoger el krausismo de entre las filosofías alemanas venía dictado por intereses sociales de clase, para dotarse de una ideología con la que competir con la ortodoxia dominante en España que todavía la imponía la Iglesia Católica. Fueron las "necesidades nacionales" las que dictaron que, de entre todos los productos filosóficos, el krausismo viniera aquí para dotar a los liberales de un cañamazo de ideas con las que combatir metapolíticamente la hegemonía del catolicismo tradicional. Y, en cuanto a las "necesidades nacionales" que se invocaban, Elías Díaz (en "La filosofía social del krausismo español") lo deja bien claro al mostrar que Julián Sanz del Río, el introductor de esta filosofía en España, confundía las "necesidades nacionales" con las necesidades de la burguesía progresista liberal del momento, esto es: con su clase social.

En efecto, las especulaciones metafísicas de Krause quedaron reservadas a los iniciados, pero lo que más interesó del krausismo fue su concepción del derecho. Así, Francisco Giner de los Ríos había escrito en 1875 "Estudios jurídicos y políticos" y en 1877, Gumersindo de Azcárate, "El self-goverment y la monarquía doctrinaria", introduciendo las ideas de Ahrens y Tiberghien. Empezó así a empaparse nuestra política de ideas krausistas, pero el plano donde más actuarían los krausistas sería en la educación. Para comprender su esencia liberal hay que verlos en acción.

Con la Revolución de 1868, Ruiz Zorrilla decreta el libre ejercicio de la enseñanza en todos sus grados. La revolución estalló en septiembre de 1868 y el decreto es de la segunda mitad de octubre de ese mismo año. Urgía arrebatar al Estado el monopolio de la Enseñanza que, debido al Concordato con la Santa Sede de 1851, concedía a la Iglesia Católica el derecho a fiscalizar la enseñanza tanto de los colegios religiosos como de las escuelas públicas (Ley Moyano de 1857); por esto, los progresistas -y al frente de ellos, los krausistas- se empeñan en una lucha sin cuartel por, nada más y nada menos, que la supresión de la enseñanza pública.

"La supresión de la enseñanza pública es, por consiguiente, el ideal al que debemos aproximarnos, haciendo posible su realización en un porvenir no muy lejano" (citado en "Breve historia de la Institución Libre de Enseñanza", de Antonio Jiménez-Landi Martínez, pág. 68). 

Expliquémoslo, por si no se ha entendido: los ilustres antecesores de quienes hoy -en 2017- defienden la Enseñanza Pública con una beligerancia (digna de mejor causa) contra la Enseñanza Concertada o Privada, son los mismos que en 1868 pretendían SUPRIMIR la Enseñanza Pública, dando curso libre a la implantación de centros docentes (en todos sus grados) por iniciativa privada; y no olvidemos que, en aquel tiempo, la iniciativa privada podía venir sólo de las clases burguesas de ideología liberal progresista. La medida como tal no oculta su espíritu liberal: fomentar la oferta docente, al margen de la iniciativa eclesial y estatal. Pero, para comprender toda la malignidad y felonía del liberalismo, vayamos a Ortega y Gasset que (aunque no necesita presentación y no puede decirse que fuese un krausista, participa del mismo espíritu), así es como, pasadas unas décadas, en 1910, Ortega no tiene ningún recato en afirmar que: "No compete, pues, a la familia ese presunto derecho de educar a los hijos: la sociedad es la única educadora, como es la sociedad único fin de la educación" ("La pedagogía social como programa político"); esto significa nada más y nada menos que despojar a la familia del derecho a la educación de sus hijos, según las creencias religiosas o ideológicas de la familia.

Pero, entonces, ¿qué es lo que quieren los liberales?, ¿acabar con la enseñanza pública para que haya libertad favoreciendo la iniciativa privada y la pluralidad?, ¿acabar con la enseñanza concertada para que el Estado y sólo el Estado se ocupe de educar a los niños?, ¿pero no eran los liberales los paladines de la iniciativa privada?

Me parece que, si se me ha seguido, está claro: 

Cuando el Estado no es suyo, contra el Estado y lo Público. 

Cuando el Estado es suyo, contra la Sociedad y la Familia. 

lunes, 20 de marzo de 2017

LA CIUDADANÍA ESPAÑOLA, DEVALUADA



RECONQUISTA DE NUESTRA CIUDADANÍA

Manuel Fernández Espinosa

Uno de los asuntos más serios y problemáticos que una sociedad puede afrontar es la definición de "ciudadano". Y toda definición comporta, aunque en negativo, una exclusión: no todo ser humano puede ser ciudadano de éste país o del otro y, si todo el mundo lo es, es que ser ciudadano no tiene ningún valor. La tontería esa de que no hay fronteras y nadie es extranjero en ninguna parte sólo la pueden creer y sostener sentimentales imbéciles o desaprensivos sectarios. Si todo el mundo, independientemente de su naturaleza, puede acceder a los derechos de ciudadano de un país x, es que la ciudadanía del país x no vale un bledo. 

Vayamos a la democracia ateniense, que se alega como modelo de democracia, a la vez que se desconocen y desprecian sus aspectos menos políticamente correctos, por no interesar a los demagogos actuales. En Atenas había "metecos" que no eran simplemente "extranjeros", sino que eran "extranjeros" que habían establecido de un modo permanente su residencia en la "polis" (un extranjero de paso, un transeúnte, no se consideraba "meteco"): "Los extranjeros residentes en la ciudad, los metecos, formaban un sector de la población con ciertas libertades y derechos legales, y con gran importancia económica; pero sin representación política" -nos recuerda Carlos García Gual.

Etimológicamente, "meteco" no trae consigo ninguna connotación peyorativa y en ese sentido etimológico sería conveniente recuperar el término. Meteco venía de "métoikos": el que cambia de residencia. Aristóteles, meteco él mismo, aborda el asunto en su "Política" y se hace eco del problema que implica que algunos metecos fuesen admitidos a la ciudadanía tras una revolución, recordando a los extranjeros residentes a los cuales Clístenes concedió tal título de ciudadanía. El Estagirita es claro: "Pero la discusión respecto a éstos no es quién es ciudadano, sino si lo es justa o injustamente. Aunque también uno podría preguntarse esto: ¿si alguien es ciudadano injustamente, no dejará de ser ciudadano, en la idea de que lo injusto equivale a lo falso? Pero, una vez que vemos que algunos gobiernan injustamente, y el ciudadano ha sido definido por cierto ejercicio del poder (pues, como hemos dicho, el que participa de tal poder es ciudadano), es evidente que hay que llamar ciudadanos también a éstos".

La cuestión se establece, por tanto, en que es ciudadano el que de alguna forma "participa del poder", con o sin título de ciudadanía, justa o injustamente adquirido. La actualidad española ofrece muchos ejemplos lacerantes de lo que estamos diciendo aquí, sin que parezca importarle a nadie en la inconsciencia general. En Cataluña, por ejemplo, el nacionalismo catalán, establecido en las instituciones, viene empleando a colectivos de inmigrantes para sus propios fines: así, en el año 2010, ya vimos cooperar a estos colectivos con el poder separatista, puesto que las cifras con que son subvencionadas diversas asociaciones metecas revela quiénes -y cómo- dirigen estas maniobras (ver noticia Inmigrantes subvencionados.) También vemos a estos metecos en fotografías, apoyando el proceso secesionista catalán con más afán que muchos payeses. ¿Tienen derecho? Vemos que, en caso de no tenerlo legalmente, ejercen "realmente" esos derechos sin que las instituciones del Estado les cuestione tal intrusión en nuestros asuntos nacionales ni tampoco se establezcan correctivos.

¿Qué es lo que ha pasado aquí? Más allá de lo anecdótico, lo que tenemos ante nosotros es, por muchas y complejas razones, una evidente disolución del concepto de "ciudadano español". La dejadez del Estado en estas cuestiones acarrea que se dé la contradicción de que, mientras que se exaltan los derechos del ciudadano (manida retórica liberalesca y caduca), eso de "ciudadano español", por mucho que puede estar definido en los papeles, a la hora de la verdad, en la vida práctica, no vale para nada. Salta a la vista que en España se le deja hacer al último que viene, pudiendo incluso intervenir y cooperar en la presión particular que quieran ejercer los enemigos de la unidad nacional y, tampoco decimos nada extraño, muchas veces hasta se tiene la sospecha de que los metecos tienen hasta más ventajas prácticas que los naturales: véase el ejemplo de los comedores que discriminan a los españoles en el mismo Madrid: "Madrid es la única comunidad que separa a inmigrantes y españoles en los comedores públicos". A veces se llega al absurdo de estar manteniendo con el dinero de nuestros impuestos a no pocos metecos que conspiran incluso contra nuestra seguridad interna (El yihadista de Vitoria cobraba 1800 euros...)

Muchas son las interrogantes que este asunto plantea: la ciudadanía española, ¿vale algo?, ¿a quién cumple hacerla valer?, ¿por qué no la hace valer quien tiene el deber de hacerlo? Dejemos estas preguntas en el aire, respóndaselas cada cual. Lo que interesa mostrar es que la "ciudadanía española" no puede seguir por más tiempo siendo algo sin defender. Hay que establecer límites: no se le puede conceder a cualquiera, pues dársela a cualquiera es poner en litigio nuestro mismo futuro como sociedad. Tampoco, ni habiéndosela negado, hay que permitir que extranjeros con residencia en España, con y por sus intereses propios, intervengan en los asuntos que son exclusivamente nuestros.

El 14 de diciembre de 1909, Eugenio d'Ors escribía en su "Glosari" sobre la inquietante presencia de los "metecos" en Atenas: "...eran los más peligrosos, porque no se les excluía totalmente de los derechos políticos. Extranjeros o hijos de extranjeros, desarraigados de diversa índole, llegados a la ciudadanía de origen dudoso, bárbaros abiertamente o barbarizantes equívocos, formaban en medio de la Ciudad este "demos" meteco, sin una ligazón cordial con la gloria ancestral de ella, sin interés por su lejano porvenir...".

Los metecos no tienen una "ligazón cordial con la gloria ancestral" de la nación, ni tampoco tienen el menor "interés por su lejano porvenir". Si no entendemos eso, si no hacemos nada por reconquistar nuestra "ciudadanía" y poner las cosas en su sitio, España no tendrá más porvenir que el de ser un país colonizado y día llegará en que los españoles naturales viviremos en un apartheid, hasta que nos reduzcan a una minoría prescindible en el conjunto de una población que nos habrá sustituido en nuestro mismo suelo.

La antigua Grecia, no nos lo dicen, también contemplaba la xenelasia. No la desdeñemos tampoco nosotros si es por tal de sobrevivir.


NOTAS:

"Glosari", Eugenio d'Ors. El pasaje de Eugenio d'Ors está originalmente escrito en catalán y lo he traducido al castellano. En su letra original dice: "...eren el més perillosos, perque no se'ls excloïa totalment dels drets polítics. Forasters o fills de forasters, desarrelats de vária mena, pervinguts a ciutadania d'origen dubtós, bárbars palesos o barbaritzants equívocs, formaven en mig de la Ciutat aquest "demos" metec, sense un lligam de cor amb la glória ancestral d'ella, sense interés pel seu llunyá avenir...".

"Historia de la teoría política" (1), Fernando Villespín: "La Grecia Antigua", Carlos García Gual.

"Política" y "Constitución de los atenienses", Aristóteles. 

viernes, 17 de marzo de 2017

O LA HONRA O LA TIRANÍA

 
Representación de El Alcalde de Zalamea, año 1909. Fuente: wikipedia


LA HONRA COMO RESTAURACIÓN DE LA SOCIEDAD NORMAL


Manuel Fernández Espinosa


En las más diversas sociedades y pueblos, la pertenencia a un grupo social ha estado indisolublemente unida al cumplimiento de unas normas que pueden o no estar escritas, pero que por tradición han de ser observadas por todos los miembros del grupo para no buscarse la expulsión y sus consecuencias. Las indudables ventajas de formar parte de una comunidad siempre ha tenido como contrapunto la aceptación y cumplimiento de unos requisitos que se presumen y siempre hay que estar dispuesto a mostrarlos. Si no entendemos esto, será imposible comprender toda la cuestión fundamental de la Honra.

En la sociedad estamental de la España de los siglos de oro, la Honra tuvo un doble aspecto como bien supo precisar Gustavo Correa, cuando estudiaba el teatro nacional del siglo XVII. Había una Honra "vertical" que correspondía a la posición social del individuo en la escala social y que le venía por su alcurnia (propiamente dicho era el Honor) y una Honra "horizontal" que "descansaba por entero en la opinión que los demás tuvieran de la persona" -escribe el mismo Correa. Vamos a poner a un lado esa honra vertical que afectaba a un sector de la población por su pertenencia a un estamento privilegiado y cuya adquisición venía la mayor parte de las veces de nacimiento, para centrarnos en la "honra horizontal", esto es: la Honra que, a excepción de algunos grupos marginales, obligaba a todos, desde el pechero al hidalgo.

Tiene a su vez la Honra una doble faz: es, por un lado, inherente al individuo, pero no por ello es cosa particular, puesto que por otra parte la Honra depende de la opinión que el grupo tiene de su miembro, por lo que la Honra no pertenece de un modo inajenable al fuero interno del individuo o de la familia, sino al fuero externo de todos los demás con los que pertenece a la comunidad. Ésta puede ejercer su derecho a la "excomunión" de quien pierde la Honra. Y la misma comunidad dispone de ese derecho fundamental y constitutivo, pues sin él la comunidad no podría permanecer como tal comunidad: si permitiera que sus miembros transgredieran las normas que por tradición la han formado, la comunidad dejaría de serlo.

La Honra era algo que se presuponía, pero que a la vez de preciosísimo bien, era uno de los más frágiles bienes, por eso se la comparaba con el vidrio. Al hombre se le presumía la hombría y a la mujer el pudor, la honestidad y la castidad: cualquier acto de cobardía o vileza propios de un hombre quebrantaba la Honra del varón, pero la honra masculina también podía ser fácilmente vulnerada por el desvirgamiento, consentido o forzado, de una hija o por la infidelidad conyugal de la esposa. En esos casos, limpiar la Honra implicaba no pocas veces el derramamiento de sangre y, según lo ocurrido, se preveía perfectamente lo que había que hacer, puesto que todo estaba reglamentado en las leyes. Por ejemplo: 

"Sobre cómo el marido no puede matar a uno de los dos adúlteros y dexar al otro: Si mujer casada faze adulterio, ambos sean en el poder del marido y faga dellos lo que quisiere e de lo que han, así no puede matar él uno dellos e dexar al otro".

El marido que mataba al amante de su mujer y dejaba viva a la adúltera sufría la pena de muerte o, dependiendo del lugar, también se le podía castrar como ocurría en Cuenca.

La mujer se convertía en la clave de la Honra. La mujer promiscua podía biológicamente dar hijos, pero no podía dar hombres de bien, de ahí que uno de los insultos más generalizados en la sociedad española fuese (y todavía sea, aunque se ha perdido su sentido original) el de "hijo de puta". 

"Hijo de puta" es la injuria por excelencia desde tiempos inmemoriales. En los momentos previos a entrar en la batalla de las Navas de Tolosa, se hallaban allí el Señor de Vizcaya y su hijo. El padre había sufrido la deshonra de haber sido abandonado por su esposa, fugándose ésta con un herrero burgalés, y su hijo -recordándole el mal papel que se decía había hecho su padre en la anterior batalla de Alarcos- le dijo: "Padre, haced hoy para que no me llamen hijo de cobarde". A lo que el Señor de Vizcaya le respondió: "Llamaos han hijo de puta, pero no hijo de traidor". De esta forma fue como el padre, respondiendo por sí, le dio uno de los más sonados zascas de la historia de España a su vástago. El Señor de Vizcaya, cuya reputación se había visto empañada por su acción militar en la derrota de Alarcos, así como por la infidelidad de su esposa adúltera, parece no responder nada más que por sí mismo. Y ante la insolencia del hijo que parece que le cuestiona su valor en la batalla, todavía es capaz de revolverse y quedar por encima del joven, recordándole que peor que cualquier otra cosa en este mundo es haber sido parido por mala mujer.

En las vísperas de otra batalla sería el arquero Arjuna el que declara que:

"¡Oh, Krisna!, cuando la irreligión ["a-dharma": no deber, sin Ley Eterna] prevalece en la familia, las mujeres de ésta se corrompen, y de la degradación de la mujer, ¡oh, descendiente de Varshni!, surgen los hijos no deseados [la mezcla, la confusión de las castas]" (Bhagavad Gita)

La vida de los miembros de la comunidad ha de ser transmitida por mujeres honradas, para que los dados a luz puedan participar para bien del "varnasrama-dharma" (el sistema social de las castas por su ocupación perfectamente ordenada)

La cuestión de la Honra, lo mismo en la remota India como en España, es un tema que trasciende el ámbito privado, afectando considerablemente a la naturaleza y contextura de la misma sociedad. Alfonso García Valdecasas apuntaba, en su precioso ensayo "El Hidalgo y el Honor", la insoslayable importancia social y política que reviste el asunto de la Honra: "...el problema contemporáneo es éste: si la masa es ajena al honor, en la medida en que prevalezca en la realidad social, favorecerá la corrupción tiránica del gobierno. Recíprocamente, la forma tiránica fomentará la masa social en detrimento del espíritu de sociedad y de comunidad. La alianza de esos dos factores encierra una amenaza sombría para la vida del espíritu". Entendamos aquí lo de "vida del espíritu" como la vida propiamente humana que no puede ser reducida a lo material. 

En las tiranías -entendidas como degeneración de los regímenes monárquicos, aristocráticos o democráticos- interesa devastar todo sentido de la Honra, para así descomponer el cuerpo social que será más manejable para los propósitos de su despótico dominio: y eso puede ocurrir lo mismo en una democracia, que en un sistema aristocrático o monárquico cuando lo que se hace pasar como tal ha venido a tiranía. La tiranía tiene más fácil manipular y explotar a una masa "ajena al honor" que a una sociedad en la que la Honra sea eficaz vínculo entre los miembros que la componen.

La sociedad tradicional disponía de sus recursos para ejercer la benéfica presión sobre todos los que la componían con miras a que la misma sociedad no se desintegrara: corporaciones diversas, familias, individuos, todos estaban "vigilados" por todos, la opinión pesaba. En el desenlace final de "La Regenta", Clarín nos pinta el rechazo social que sufre la adúltera: "Y se la castigó rompiendo con ella toda clase de relaciones. No fue a verla nadie." La muerte o una suerte de ostracismo era el correlato a una transgresión.

Se ha desdibujado el exacto y conveniente sentido de la Honra. Mediante una curiosa combinación demagógica, la Honra empezó a ser cuestionada: se la convirtió en cosa estrictamente privada y personal (nadie podía quitarla, si el que creía tenerla estaba persuadido de tenerla), se tornó la Honra en algo así como un sentimiento particular para quien lo quisiera tener, algo del todo independiente a la opinión del resto con el que se convive; se censuraron los violentos modos de corregir la deshonra, reputados como crueles y antiguos. Algunos grupos étnicos, como el gitano, todavía conservan celosamente un sentido de Honra que cohesiona a la comunidad: de ahí que todavía entre ellos la virginidad de la mujer casadera sea algo de tan alto valor: mantienen todavía entre ellos usos como la pedida, el miramiento y la prueba del pañuelo. La "integración" de la comunidad gitana a la sociedad nos merece todo el respeto cuando se trata de incorporarlos como nuestros vecinos, tras tantos siglos de extrañamiento y no pocos conflicos como los que hemos sufrido gitanos y payos sobre el mismo suelo. Pero permítaseme expresar mi desconfianza sobre la "integración" que se pregona desde las instituciones oficiales, pues ya sabemos a lo que se dedican estas. Salta a la vista que el tema de la "integración" se emplea como pretexto para despojar a la comunidad gitana de sus señas de identidad (concretamente las relacionadas con la Honra que tan políticamente incorrectas son) y la "integración" no puede convertirse en truco para disolver la comunidad gitana en la misma "sociedad" (más bien simulacro de tal) que ha rechazado el concepto de la Honra hasta deshacerlo casi por completo. Hay quien todavía, entre nosotros, habla de "dignidad", pero la "dignidad" -no nos engañemos- es un insaboro sucedáneo de la Honra. 

La tiranía que hoy ejerce su hegemonía sobre la "sociedad" apenas ha tenido que emplearse contra la Honra, pues esta misma tiranía se aposentó sobre el desprecio y disolución de la Honra de todos y cada uno de los que se la dejaron perder. Y esta tiranía no será liquidada hasta que restituyamos la Honra, convirtiéndola en el engrudo de la sociedad que hemos de reintegrar tras esta desintegración transitoria en que nos encontramos.

viernes, 3 de marzo de 2017

LOS MOVIMIENTOS POPULARES ESPAÑOLES DEL SIGLO XIX

Segadores del campo andaluz


CONTRA EL LIBERALISMO DEL SIGLO XIX

Manuel Fernández Espinosa


El historiador marxista británico Eric J. Hobsbawm (1917-2012) sostenía que "La península ibérica tiene problemas insolubles, circunstancia común, e incluso normal, en el "tercer mundo", aunque extremadamente rara en Europa". Lo de "problemas insolubles" lo dice él; España no tiene más problemas que cualquier otro país europeo desde que la pseudo-reforma protestante y el liberalismo existen y su grado de solución es tanto como el de cualquiera (sería hora de dejar atrás ese paralizante fatalismo). Para fundamentar su dictamen Hobsbawm recurría a los estudios de su compatriota Raymond Carr los cuales concluían que, en el curso del siglo XIX, en España había fracasado el liberalismo (desarrollo económico capitalista, sistema político parlamentario burgués y desarrollo cultural e intelectual occidental); si en España -parece decirnos Hobsbawm- hubiera triunfado el liberalismo, todo sería mejor e incluso nos ahorraría tal vez llamarnos eso de "tercer mundo".

No vamos a enredarnos en las consecuencias hipotéticas de lo que hubiera sido España de triunfar sin oposición el liberalismo, eso vamos a dejárselo a los visionarios de la historia ficción, lo que sí interesa es constatar que el liberalismo no triunfó en España y ni que decir tiene que es algo que aplaudimos. Es a la hora de entrar a identificar los obstáculos con los que se encontró el liberalismo con lo que habría que lidiar. Los primeros que, sin dudarlo, se oponen frontalmente al liberalismo son los carlistas: la resistencia carlista al liberalismo tuvo mucho de instintiva defensa del orden tradicional, pero por encima del instinto de los voluntarios del pueblo planeaba -y esto no hay que olvidarlo- la dirección de lo que, permítaseme denominarle, era la "intelligentsia" del carlismo: la facción de los "apostólicos". Esta facción carlista estaba formada en su gran parte por el clero que había identificado el "liberalismo" como lo que era: el correlato político, económico y social de la herejía protestante. Teniendo en cuenta esto entenderemos mejor que el carlismo no fue, como quieren sus detractores, una fuerza ciega, la refractaria caverna reaccionaria -durante mucho tiempo hemos estado contemplando nuestra historia nacional con los tópicos propagandísticos del enemigo liberal del siglo XIX, heredados por la izquierda internacionalista y apátrida.

Pero no sólo fue el carlismo el gran obstáculo con el que chocó el liberalismo decimonónico. El liberalismo entendió que había que ganarse a la Iglesia católica (siempre hubo liberales, desde la Cortes de Cádiz, que así habían pensado; lo mismo que liberales exasperados que, atiborrados de anticlericalismo, habían pensado lo contrario). Los "moderados" (la derecha liberal) fue la que actuó con más astucia: frenó los excesos y desórdenes de los liberales más exaltados y anticlericales y, una vez que al clero le despojaron (desamortizando sus bienes) de las fuentes que le permitían tradicionalmente la independencia económica, lo vinieron a reducir al papel de burócrata del culto, un "estamento" ahora asalariado, a sueldo del estado liberal; y no fue poco triunfo liberal el de firmar un Concordato con la Santa Sede en 1851, pero en modo alguno fue bueno ni para la Iglesia ni para España. Una nada despreciable parte de nuestro clero quedó subordinada al patronazgo estatal y fue convertido en "deudo" de los nuevos ricos que, a cambio de una chocolatada, arrendaban un puesto en el cielo tras haber saqueado a la Iglesia. Hubo mucha claudicación, mucha componenda en un amplio sector del clero que no estuvo a la altura de las circunstancias, salvando egregias excepciones rurales más o menos combativas (como el Cura Santa Cruz) o más o menos intelectuales (Sardá y Salvany: "El liberalismo es pecado") pero, a la postre, la conducta práctica del clero en general se percibe como una connivencia con el liberalismo y suena a: "Como los carlistas no han ganado, más vale que nos arreglemos con los moderados". Y así nos fue a todos... El clero, con sus nuevas amistades, lo que logró fue enajenarse las simpatías del pueblo empobrecido que, mal guiado por la didáctica masonizante, se quedó con la impresión de que la Iglesia se había convertido en aliada de la burguesía incipiente y egoísta, liberal.

Por eso, en el correr del siglo XIX, una cada vez más importante masa popular, depauperada por las consecuencias de la política económica liberal, se aleja cada vez más de la Iglesia y adopta posiciones revolucionarias. Así, en el verano de 1861, estalla la sublevación de Loja (la Revolución del Pan y el Queso), pero con antelación -también en el verano, era el de 1857- unos pocos más de cien jornaleros se alzan en el campo andaluz, tomando Utrera y El Arahal, al grito de "Mueran los ricos". Estos alzamientos llevan todavía el sello de la reacción popular contra una situación de hambre y carestía, propiciada por la profunda injusticia social que instala el liberalismo extranjerizante. Se produjeron intermitentes alzamientos campesinos en Andalucía, en Castilla y en Aragón... Pero, ¿quiénes son ahora los que lideran estos conatos tumultuarios de diversa consideración? Los demócratas y los republicanos, sin que podamos descartar que en sus lóbregos y sórdidos antros la masonería estuviera maniobrando. Más tarde, andando el tiempo, el anarquismo bakuninista aterriza en España, en el contexto de la Revolución de 1868. Con anterioridad Pi y Margall había traducido a Proudhon y el federalismo se había nutrido de estas dos canteras. El anarquismo adopta el ateísmo y transmite un inconfundible mensaje anticlerical, pero es imposible desvincular el anarquismo primitivo con un soterráneo fondo cristiano, hasta en sus formas de propagación recuerda el cristianismo primitivo. El hecho es que el anarquismo capta las simpatías y logra las adhesiones de una parte importante del pueblo pobre y el agitador anarquista releva a los curas de antaño que arengaban contra el liberalismo desde sus púlpitos. Cuenta el Barón de Laveleye (1854-1938) que, cuando vino el belga a Barcelona, los anarquistas celebraban sus reuniones en iglesias abandonadas de la Ciudad Condal: "desde el púlpito los oradores atacaban a todo...", denunciaban las maldades del mundo capitalista y de la clase burguesa egoísta y anunciaban un mundo nuevo, una versión secularizada de la "parusía". Sin el sustrato católico -de mentalidad católica- hubiera sido difícil que las masas se convirtieran a la nueva religión sin Dios del anarquismo; si el anarquismo no hubiera tenido ese asombroso parecido con el cristianismo, en su rechazo del liberalismo, tampoco hubiera granjeado grandes éxitos en la "catequización" de las masas campesinas y obreras españolas.

Si consideramos estos fenómenos arriba someramente planteados con la debida atención debiéramos extraer algunas conclusiones:

1. España es constitutivamente antiliberal, refractaria al liberalismo económico, político y social.

2. Lo fue en su contra-revolución, con los carlistas.

3. Lo siguió siendo en su "revolución anarquista".

4. El fundamento de ese antiliberalismo es el sustrato católico, operante expresamente en el carlismo y operante, aunque severamente amputado en el orden trascendente, en su anarquismo posterior.